Skip to main content

Un año más, aquí estamos, con los brazos abiertos para recibiros en la residencia. Queremos que sea vuestro hogar (en el sentido más cálido de la palabra) durante este curso escolar.

¡Bienvenidas a nuestra casa y vuestra casa!

Esperamos y pedimos que las que llevan ya tiempo con nosotras, la sientan así y las nuevas, puedan pronto tener esa experiencia.

El comienzo de un nuevo curso es siempre una mezcla de encuentros, proyectos, ilusión y expectativas. De todas depende el hacer espacios de vida compartida. En este comienzo de curso vislumbramos muchas oportunidades y preocupaciones también, no dudemos de nuestras posibilidades y confiemos en aquellos con los que caminamos.

Por supuesto, la Residencia acaba de acoger a una “comunidad joven”. Como bien comprenderéis, en una comunidad el aislarse o dejarse llevar por el egoísmo, pensando solo “en lo mío” es renunciar a crecer humanamente y estorbar el crecimiento de los demás. Esperamos que nuestra comunidad pueda responder a los sacrificios y oraciones de vuestros padres. Haremos todo lo posible para apoyaros y, estamos seguras de que cooperaréis.

Nosotras también nos unimos a la oración de vuestros padres; porque queremos apoyar, no solo vuestra vida externa, sino vuestro crecimiento personal. Somos, como sabéis, Religiosas dominicas y sabemos que para Dios, cada una sois un tesoro único e irrepetible. Así sois también para nosotras y ese precioso misterio de cada una quisiésemos apoyar, para que vuestro paso, entre nosotras, sea un caminar continuo hacia vuestra plenitud personal.

¡muy bienvenidas!

Os recibimos con todo cariño y mucha esperanza.